Me parece que tendríamos que empezar a reformar el concepto de la Navidad. Al margen del hecho de que en una mitad del mundo en diciembre es verano, con el calentamiento global dentro de un par de generaciones nadie va a usar medias; los pinos se van a haber secado; los renos se van a haber extinguido; la nieve va a ser un fenómeno antiguo; y nadie se va a querer calzar botas, traje de paño y barba postiza. Eso sí: no creo que Coca-Cola haya fundido para ese entonces, así que el rojo puede quedar.

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